Canciones de verano

I

Me pesan las paredes
y quiero estar sin casa.
Esta tarde me voy
por la orilla del agua
donde crece la yerba
con sonido a campana…

Esta tarde me voy…

La pulpa de la siesta
tiene un cuadro de hamacas
y lentos caracoles
de sudor y desgana.

Por la orilla del río
vienen guantes de hielo…

Esta tarde me monto
en un caballo de agua.

II

Las caderas del río
tienen faldas de ranas.

No sé si la alondra,
no sé si la vaca…
Era un pájaro muerto
y una niña acostada.

Era un vaso de humo
y una copa de paja.

Con cabellos de rocío
la luz fresca del gua
golpeaba labios de ladrillo.

Era un hilo de nieve
con libertad de ala
poniendo en mis oídos
un camino de chopos.
Líquida lagartija de caminos
su lengua iba poniendo
latidos de frescor
en las plantas quemadas.

Una campana lenta
de verano iba doblando
entierros de cigarras.

Las frescas caderas del río
tienen faldas de ranas.

III

Un río no es un río.
Es paso de nieve azul
herida por la tierna libélula del aire.
Una lágrima o beso para el puente
con ovillos de sal en las pestañas.
Un paisaje caído de la mano.

Un libro de ceniza
disimula en sus páginas
ungüentos de amapola.
En la luz de las cinco
descienden los claveles
sobre el cabello blanco de la tierra.

Un agua no es un agua.
Un agua es estilo de paloma
que tiene nostalgias de rocío
y arrulla latir de cangilones.

La noria es una rueca
que hila la fiebre de las nubes,
mi cuerpo desnudo se hace sombra
para flotar el agua sin romperla.

Mi río tiene nombre de mujer
y se llama Guadiana.

Un río no es un río,
es una ceja de agua
que llena de estrellas el suspiro.

[I,121]