La hora esmeralda

Las mariposas violadas como vagos nenúfares
en tus lagos azules,
las alas de cisne que cubren en su vuelo
tu flotante nocturno como ala de cuervo,
el latido primero del amor con blanco de plegaria,
tus manos marmóreas que bordan un hilo azul
donde camina un rojo sin ardor,
nevada vegetal que plomiza
eclipsando la luz de tus encantos;
todo me hablaba de tus silencios
en los albos primeros,
cuando carne de mina sonoramente llora.

Tus pasos sobre una luz de yeso bien cernido
y el vibrar de perlas en cadena
a tu cintura que ignoraba la serpiente,
despertaron mi sueño en la blancura cenicienta
de los lechos iguales.

¿No recuerdas? ¡Oh, lirio desterrado
en una verde lágrima que lloraron millones
bajo el cristal azul que escribe espumas
sobre plana morena!

Recuerdo.
Sobre el opaco vidrio manchado de pureza
mis espadas rasgaron tus íntimos temblores,
se estremeció tu carne queriendo ser de vida
y libélulas negras en un beso de miedo
te cerraron el alma.
Tu voz que era tan pálida de recitar plegarias
tembló en los blancos fríos nostálgicos de rojos
y tu mano al rozar mi ardiente mano
besó como jazmín que se deshoja.

¡Cómo vivió un minuto mi soledad sin nadie
mi tristeza sin ti, mi lividez sin muerte!
Junto a mí, tu temblor o delirio
que buscaba el poema de las lunas quemadas
por tu imagen sedienta sin fuente.

¡Oh, tu cuerpo de loto
en el río silencioso de la tristeza humana!
Más triste tu tristeza
al mirar el ardor de mis miradas.
Más triste tu blancor en las horas
que sueñas esmeralda.

[I,9]